MAÑANA ES FERIADO

Entramos en Marzo, ya toda la actividad ha comenzado.
Tuve un verano frío en lo económico, las altas temperaturas no eran tales en mi bolsillo; estaba desocupado por propia elección.
Sin embargo, a pesar de todo, fue un verano que nunca voy a olvidar.
Creo que al fin mi cuerpo se ha desarrollado, creo que este verano, el número 43 de mi vida, fue el verano donde al igual que las mariposas, dejé de ser “gusano” para romper el capullo y volar.
Fue pasando el tiempo y cada vez me iba dando cuenta que lo mio era la actuación, la dirección y los cuentos. Claro que todo esto no da dinero, pero si muchas satisfacciones, como todos saben, las satisfacciones no pagan la comida ni las cuentas.
Me encontraba en pleno verano arriba del taxi y no como pasajero, sino llevando gente a su destino. Largas y agobiantes horas soportando el demoledor tráfico de la ciudad.
Algo bueno tenía este trabajo y ello era una obra de teatro en particular, allí dentro, en mi jaula de metal, donde me sentía libre de transitar por cualquier lado de la ciudad pero sin poder salir de mi cubículo.
Me encontraba con una amplia gama de personajes dignos de ser representados.
Si la gente supiera lo especial que es, no tendría tantas angustias. Deberían idear un sistema o una aplicación donde te filman en alguna situación donde vos no sabes que te están filmando, y al tiempo e inesperadamente puedas verte ante el frío registro de una cámara. Seguro te sorprenderías y serías testigo de vos mismo, con todo lo que ello significa. Seguro te parecerá que la persona que estás viendo no sos vos.
De tanto mirar a los otros, aprendí a mirarme a mí mismo, tanto como para darme cuenta que 12 horas detrás de un volante no era lo mío. Tanto, que me di cuenta que la vida se pasaba y mis deseos no se cumplían ni se iban a cumplir de seguir por este camino.
Renuncie al taxi y le di importancia a mis ganas, me anime a ser yo y salvo por el dinero, la verdad no me va nada mal.
¿Estás loco? ¿De qué vas a vivir?
Estas preguntas se hacían más frecuentes con el paso del tiempo.
Lo cierto es que me encuentro un día, lunes, sentado en un bar de Buenos Aires disfrutando una fría cerveza. La mesita coqueta está pegada a la ventana, amplia, y sin vidrios que me separan de la vereda deja entrar aire fresco de a bocanadas largas.
Ya no existen para mi los fines de semana o los horarios, todos los días son feriados en mi vida.
¿Qué gano? Aprendi a tocar la guitarra, me anime a grabar un tema como intérprete por primera vez en mi vida, comencé a dirigir un grupo de teatro, asisto a dos obras de teatro como ayudante y me disfrazo de comediante cuando se presente la ocasión de hacer reír en algún lugar.
Soy libre, tengo hojas llenas de relatos, el alma llena de gozos y noches impensadas, mucha luz en mi interior, mucha abundancia en mi ser, aunque con la heladera vaciá.
Esta esquina elegida al azar es fantástica, me sorprendieron unos adolescentes sentados fuera consumiendo gaseosas y muy atentos a las damas. Con el tiempo me di cuenta que era un lugar clave, se ve que el bar quedaba cerca de un gimnasio ya que a cada rato pasaban por aquí unas señoritas y señoras de toda edad con cuerpos esculturales. Los pibes se codean y se cuentan casi en secreto las cosas que harían con esos cuerpos de tener la posibilidad de disfrutarlos.
Dos mesas delante mio un hombre mayor le habla a una mujer de unos 30 años, por lo que puedo percibir, le habla de “teatro” (mi especialidad). Enseguida me doy cuenta que es un chanta, con la promesa de un papel quiere llevar a la cama a su víctima. Soy muy observador, después de todo quien soy yo para derribar sus planes de una conquista.
Acodado en la barra hay un chino, si, un chino, con su vaso de vino y los ojos… bueno… es chino!
Se lo nota mareado, se ríe con la pantalla de televisión que curiosamente está apagada. Un señor teñido de marrón mocasín le grita desde la puerta: -¡Eh, que hacé japonés!
En fin, la vida pasa y como siempre, pero ahora la disfruto. Dejé de verla pasar para agarrarla y vivirla.
La heladera vaciá, mis bolsillos escasos, pero qué me importa, si total mañana, mañana es feriado.

Autor: José Luis Gimenez
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